Hablar de Irlanda no es fácil, no se puede definir en tan
sólo unas palabras la grandiosidad del país, lo maravilloso de sus paisajes, la
idiosincrasia de sus gentes...
Ha sido una experiencia fantástica, pues en unos pocos
días hemos pasado de lo más moderno y actualizado del país a lo tradicional y
legendario.
Pasear por las calles de Dublín es una experiencia, se
han actualizado y puesto al día con respecto a Europa (UE) pero sin perder su
particular encanto. Gente amable y simpática, alegres, vividores pero también
trabajadores, aunque a la hora de salir sean todos unos borrachos encantadores.
País de contrastes, de luz y de color, es una maravilla
mirar sencillamente al horizonte en un día cualquiera de lluvia.... y si hay
sol, menudo cambio, todo se impregna de luz y de vida, es increíble la belleza
que destila este país.
Sí, destila, término adecuado cuando por la sangre de sus
habitantes corre a partes iguales cerveza, whisky y baileys ;) ah, y algo de
sangre. Creo que por eso no pasan frío y se pasean por las calles casi
desnudos, tan felices, ante la increíble y sorprendida mirada de los turistas
que no damos crédito a nuestros ojos.
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