Es sorprendente cómo cambian las
ciudades según sea de día o de noche, al menos a mí me ocurre, cambia la óptica
que tengo de esos sitios.
Anoche a las once aterricé en
Madrid, era la noche en blanco... en blanco estaba Atocha para mi sorpresa pero
al salir a la calle… miles de madrileños y foráneos invadíamos las calles.
Madrid había sido tomada pacíficamente ¡por la cultura!
Era un placer saber que podías
hacer casi lo que quisieras, desde entrar al Reina Sofía a pasearte por los muy
privados y exclusivos salones de la Real Academia pasando por el Museo del
Prado, la Casa de los Escritores y un largo etcétera tan grande casi como la
Villa.
Vayamos al metro pues las
calles por Atocha están intransitables, es imposible caminar del gentío que
invade las aceras... Bajamos en Sol y al salir a la Plaza, cuesta trabajo
distinguir algo de ella pues la muchedumbre invade el pavimento, sí, el reloj
sigue ahí, marcando las horas... casi la una de la madrugada mientras un chico
con capucha y mascarilla dibuja sobre algo que parece una pizarra pero que a su
vez está proyectada a través de una cámara en una pantalla gigante, y con
música y a golpe de spray crea ante los ojos perplejos de los espectadores que
allí estamos… ¡¡un radiocasete!!
Nos vamos, hay demasiada gente
para poder seguir apreciando la original obra de este chico, camino de la Plaza
Mayor y esto se convierte en una odisea pues la marea humana casi nos arrastra
hacia las calles aledañas pero tras luchar un poco por mantener el rumbo
aparecemos en la plaza cuadrada, con sus soportales y terrazas, casi permanece
ajena a esta noche en blanco madrileña pues allí no se desarrolla acto alguno..
curioso... Atravesamos la plaza y nos vamos hacia el Palacio de Oriente,
pasando por la Ópera pero, por desgracia, ya ha cerrado sus puertas así que
seguimos calle abajo y ahí está el Palacio, invadido de gente, de música y de
luz.
Delante de la fachada principal
se aprecian unos bloques, o eso parece al menos a lo lejos, con luces que se
proyectan sobre ellos y se mueven al ritmo de la música que suena... un fado?
Nos acercamos más, mejor haber permanecido en la distancia, los bloques son
cubos de basura, reciclada en su mayoría y la verdad, no huele muy bien....
Detrás de estos bloques, una
cola kilométrica de gente que ansía entrar en el Palacio para visitarlo...
demasiada gente, nos vamos al Templo de Debod!
Niños y jóvenes, y algunos no
tan jóvenes, hacen cola para... ¡jugar a la play, a la Wii, crear un spot
publicitario con la Wii y su imagen real y la creada! Una serie de carpas ha
sido dispuesta delante de las tranquilas aguas que cuidan del templo... vayamos
detrás, la imagen del templo reflejada en el agua es sencillamente maravillosa,
hay calma, oscuridad, apenas luz eléctrica y eso sí, música de fondo pues en Moncloa
está Carlinhos Brown y ¡hasta aquí llega su ritmo!
Tras una pausa disfrutando de
la calma de la noche nos dirigimos a Plaza de España, donde un rato antes ha
acabado un concierto, ni idea de quién ha actuado pero a juzgar por la cantidad
de basura generada por los chicos del botellón... no era ópera precisamente ;-)
Salimos de los jardines pues no
se puede transitar debido a la cantidad de basura y de gente y nos plantamos
ante la Gran Vía de Madrid, que ha sido cortada para el disfrute de los noctámbulos:
a lo largo de la calzada se han dispuesto diferentes atracciones y
"cosas", casi indefinibles, que forman por unas horas parte de la
decoración urbana.. Columpios soportados por grúas, toboganes hechos por tubos
metálicos de construcción, jardines improvisados sobre contenedores así
reutilizados, algunos con espantapájaros y todo ¡y lechugas plantadas!
Y ahí concluimos la noche en
blanco, eran más de las tres de la mañana, tras haber recorrido la Gran Vía y
casi haber llegado a los pies de la Cibeles, dimos media vuelta y nos fuimos a
dormir... la noche en blanco seguía, y creo recordar que a las seis de la
mañana aún se oía la fanfarria en la calle...
Madrid esta mañana ha vuelto a
ser la ciudad dominical soleada propia de estas fechas, ha sido un placer ver
cómo la Plaza de España estaba perfectamente limpia y la Gran Vía, por otro
lado, había vuelto a ser la calle transitada por viandantes y tráfico, pero,
durante una noche fue la estrella de la capital... la que más brilló en esta
noche en blanco.
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